sábado, 27 de diciembre de 2014

Willie Nelson, la historia interminable


¿Qué puede valorar un sacrílego sobre el country y de una de sus más destacadas figuras? Como no me hagan un recopilatorio del mejor country partiendo de lo mejor de los recopilatorios de los mejores artistas de country, estamos aviados.

Abarcar toda la carrera musical de un octogenario que tiene editados alrededor de 75 discos se hace una tarea ardua, incluso cansina. 75 discos en 52 años de carrera salen a dos discos por año, contando con los retiros y regresos. Pues eso.

Cuando no se conoce a un artista, normalmente uno se dirige a un grandes éxitos, a un recopilatorio (The Essential, 2003). Si tras un par de rondas no ha gustado lo que se ha escuchado, lo mejor será que no se siga intentando. Pero la tarea ya estaba empezada y había que terminarla.

(¿75 discos? ¿75 ruedas de churros?)

La vida de este músico es la lucha por la supervivencia, la lucha de muchos americanos que nacieron y vivieron en la Gran Depresión. A los trece años, muerta su madre y abandonado por su padre, ya se subía a los escenarios para eludir la recogida de algodón con sus abuelos. Desde ese momento supo que la música era su vocación, aunque intercalara trabajos eventuales como operador telefónico, podador de árboles, militar en las fuerzas aéreas, guardia de un club nocturno, obrero en un campo petrolífero o pinchadiscos. Una vida intrigante, sin ningún tipo de cerca que pudiera acotar su forma de actuar. Una carrera musical llena de luces y de sombras, de retiros y de regresos, de problemas con la justicia por evasión de impuestos y por posesión ilegal de marihuana. Un activista convencido, defensor de la agricultura familiar, de la marihuana, de los biocombustibles y del matrimonio homosexual; crítico con la Guerra de Irak y con la versión oficial del ataque terrorista a las Torres Gemelas (bastante curiosa su opinión, por cierto). Un hippie en toda regla, sin ironías.

Una vida musical que se inicia con los ritmos repetitivos de Funny How Time Slips Away, Hello Walls, Pretty Paper y Crazy, que cuentan historias de tierras distanciadas, realidades lejanas que pueden emocionar a la mayor parte del suroeste de los Estados Unidos y a parte de Canadá y Australia. Eso, que “cuentan” historias que emocionan a esas gentes.

Tarea ineludible era escuchar los tres discos que lo encumbraron: Shotgun Willie de 1973, Redheaded Stranger de 1975, Stardust de 1978. Desde esos años, Nelson es ya considerado el mayor representante del outlaw country, una escisión del country tradicional de Nashville, una diferencia que solo pueden percibir los expertos en esta música. Una interesante y preciosa historia la de sus letras. Eso, una.



(¿75 discos? ¿75 ruedas de churros?)

¿Composición musical? Hablamos de música, ¿no? Cuando escuchamos unos acordes que proceden del country, el cerebro nos traslada a lugares concretos que hemos asimilado como parte de nuestra otra cultura. Nos agrada esa traslación cultural, pero solo para contextualizar. El mismo efecto podrían haber producido los acordes ejecutados por un sitar en la India. Con una es suficiente.

Lo siento, pero me pasa como con los cantautores: que produzcan veinte o treinta discos, y a lo mejor extraeré un par de temas que me interesen (y me leeré veinte o treinta libros de poemas suyos sin ningún problema). Pero no me pidan que me fume un disco entero. Composiciones basadas en los tres mismos acordes de siempre con la única variación, en aquellas canciones un tanto mejor construidas, de un cambio de tono con el que se repite el estribillo una y otra vez hasta la extenuación y un cambio de ritmo al galope de un caballo que ni siquiera tiene el interés de ir desbocado.

(¿75 discos? ¿75 ruedas de churros?)

Digo yo, que esto de la música va, por encima de todo, sobre música. Y es que en cuanto a música, instrumentación, hay poca cosa: la música se convierte en una excusa para plasmar historias. ¿No será mejor escribir un libro? Sin duda, sería leído con gran entusiasmo.

No obstante, siempre queda la libertad de opinión sobre el arte, que para eso es arte. O esta es la mejor música del mundo o la majadería más grande jamás escuchada.