miércoles, 26 de diciembre de 2012

Efímeras II: mediodía (relato)




Sábado. La calle estaba poblada por la muchedumbre más selecta para la hora del día. El cálido ambiente primaveral invitaba a sentir el calorcillo directo en la piel más lívida. Él, sentado a la mesa de una terraza de una casa surrealista, esperando la compañía para arrancar con un gin-tonic. El escenario era perfecto para este tipo de encuentro.
Mientras comprobaba telefónicamente que hacia allí se dirigían los invitados a tomar el aperitivo mañanero, levantó la cabeza, como si alguien le hubiese avisado o algo se lo hubiese señalado. Y, tras descubrir una imagen vaga entrecortada por un paraguas de terraza, se reveló la escena nítida, como emergiendo del fondo marino, sin previo aviso, una aparición mariana. Ella, de perfil, cruzaba delante de él en segundo término, tras un acompañante, al que él no quiso en primera instancia darle importancia. La primera reacción de él fue levantar tímidamente un poco la mano para saludar, pero la imagen se desvanecía y alejaba poco a poco con la quietud de él y el distanciamiento de ella. La, de él; el, de ella: qué curioso, pensó más tarde.
Entre tanto, la conversación telefónica quedó suspendida.
¿Lo habría visto y no lo habría saludado? De forma súbita, se le antojó que sí, se llenó de exasperación y no pudo más que sentir desprecio hacia él mismo. ¡Qué mediocre pensamiento! Probablemente ella no lo había visto y por eso no se produjo el encuentro.
Con esta última idea se quedó, tratándose de ella era la que creía más verosímil. El resto de ideas no eran propias de su persona. Definitivamente era la más objetiva, sin teñir por los irrespetuosos celos de la bajeza humana. Se sintió peor por traer a su cabeza aquellos iniciales y viles pensamientos que no venían a cuento.
Su cola de caballo, sus pantalones negros ajustados y sus botas marrones de tacón alto la presentaban como una esbelta figura, clásica, helénica. El paso era firme, seguro, rebosante de orgullo y tranquilidad. Su brazo se movió en ese instante por la espalda de su acompañante, lo que él interpretó por un momento como un insulto a su presencia. ¡Otro mediocre pensamiento! Probablemente, solo había sido una respuesta educada hacia su contertulio viandante.
Calle abajo, los protagonistas se difuminaban en el espacio, haciendo mutis, como cuadro pintado bajo el velo surrealista. Finalmente, él se bajó de las puntillas de los pies, a las que se había subido sin darse cuenta para alcanzarla con la vista. Ahora, calmado, sintió felicidad por ella y tristeza por no haber podido abrazarla y transmitirle su satisfacción.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Es cosa de hombres...!!!

¿Es el hard rock cosa de hombres? Con el paso de los años me he ido haciendo a la idea de que esto es así. El hard rock, ¿cosa de hombres? Como el Soberano de aquellas largas tardes de domingo en Carrusel Deportivo. Parece como si las notas eléctricas de las guitarras solo entraran por los oídos masculinos sin ningún obstáculo.

Me explico: la mayoría de los seguidores de este estilo musical son hombres. ¿Una música destinada para ellos? ¡Ni idea! ¿Una música rechazada por mujeres? ¡Eeeeeehhhh! ¿Es una cuestión de sensibilidad? ¡Qué sé yo! ¿Será que en nuestro país no hay cultura de este estilo musical entre las féminas? ¿Está mal visto? Pues en otros lugares del mundo no parece que sea así. ¿Aquí por qué sí?

La primera sospecha surgió un día cuando un amigo me preguntó que si iba a un concierto de Ella Baila Sola. ¡Ni hablar!, contesté. Yo le devolví la pregunta acusándolo con la mirada: “¿A ti te gustan?”. “No, pero va a estar lleno de tías!”. Puñalada. Pese a que me joda, tenía toda la razón.

Segunda razón. Cuando empecé a escuchar este tipo de música, es decir, cuando empecé a escuchar hard rock, solo compartía casetes y vinilos, o más tarde cedés, con hombres. Uf, ¡cómo suena esto ahora! Si acaso alguna baladita… Algo es algo.

Tercera. Asistimos a cualquier concierto de rock, especialmente hard rock y heavy metal, y parece que solo el 10% de los asistentes sean féminas. Desde luego, no es el mejor sitio para ir a ligar. Para eso tendremos que ir a un concierto de pop-rock o a un concierto de Il Divo. Eso sí, para las chicas, perfecto.

Veamos un fragmento de una grabación del Electric Music Festival de Madrid, donde disfrutamos de unos melódicos Within Temptation esperando el asalto al escenario de Metallica. Si nos fijamos solo podemos contar unas cinco o seis chicas entre la marabunta masculina que asediaba por momentos el descampado. Les aseguro que la proporción era todavía menor en el recinto (unas 50.000 personas esa noche, o sea, unas ¿5.000 chicas?)

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Cuarta y definitiva. Rebuscando entre mis discos, me di cuenta de la casi inexistente presencia de mujeres entre los componentes de los grupos que escuchaba. Parece que algo de tradición machista prevalece (como en todas las artes). Pero, claro, las mujeres también necesitan tener sus ídolos femeninos. Y hasta ahí es donde quería llegar: los ídolos femeninos. Por ahí aparecieron algunas consagradas artistas como Joan Jett, Lita Ford, Doro Pesh y sus Warlock, las chicas de Vixen o Sheryl Crow. Todas ellas aún dando guerra, sin que parezca que el tiempo pase por ellas. Maldito diablo, que solo hace tratos con quien quiere.



Mucho más recientes unas Amy Lee de Evanescence, Cristina Scabbia de Lacuna Coil, Tarja Turunen de Nightwish o Sharon den Adel de Within Temptation, espectaculares en todos los sentidos.



Ahora es el momento de presentar a algunos “ángeles” que se me han aparecido en los últimos tiempos en la net-sky. Quizás orientados a otros estilos no tan cañeros, pero sí con una preparación y capacidad para adaptarse a cualquiera de ellos. Con ellas he formado un grupo. Mira por dónde.

Hannah Ford (batería, voz). La Medusa, sus tentáculos electrifican las notas a las que acompaña. Aquí la podemos ver con solo 19 añitos, aunque ahora tenga 22.



Tal Wilkenfeld (bajo), 26 añitos. La niña de sonrisa “diabólica”. De procedencia australiana, cruzó el Pacífico a los 16 años para instruirse de esta forma y llegar a tocar tiempo más tarde junto al gran Jeff Beck, el cual disfruta casi tanto como nosotros al escuchar su solo de bajo.



Grace Potter (voz, guitarra, piano). Un cruce entre Janis Joplin y Diana Krall. Con su arrebatadora voz y estilo personal, se sumerge en la canción sintiéndola, y haciéndola sentir, en medio de unos fantásticos minutos instrumentales. Se siente arropada por un grupo de artistas impresionantes entre los que destacan el saxofonista Willy Waldman y el maestro de las seis (o siete) cuerdas Joe Satriani.