lunes, 31 de marzo de 2014

Erotismo

Natural, espontáneo, sencillo
casi siempre efímero.
El erotismo se manifiesta
cuando haces esa pose
que consiste en girar un poco la cadera
a la izquierda
apoyando el peso de tu cuerpo
y levantas un poco el pie derecho
girando el tobillo hacia dentro.
El erotismo es ver cómo cae el traje en tus pechos
en el probador de la tienda;
cuando en el más puro invierno,
en la cama,
buscas con tus dedos de los pies
tu espacio entre los míos;
cuando te vistes ese pantalón cómodo en casa
y se baja lo justo para mostrar esos huesitos
en las esquinas de tu cuerpo;
o te inclinas hacia adelante
y dejas ver las mirillas renales de tu espalda
que invitan a mis manos a posarse en ellos
para rozarlos con la yema de los dedos;
cuando, echada en el sillón,
emites con tono aniñado una petición de deseo;
cuando desprendes ayes por tu boca
al hacerte cosquillas en tu vientre,
en tu espalda;
cuando se descubre el esbozo de tu esternón
que interrumpe tu camisa;
y cuando se atisba la pequeña arruga
que se inicia en la comisura de tu boca
cuando planeas algo que terminamos juntos.
El erotismo eres tú cuando te lo propones.

Vikowski

jueves, 20 de febrero de 2014

¿Lo habéis/han notado?

Desde hace poco vengo notando algo que resulta extraño, raro, artificial, antinatural, erróneo y, además, bastante molesto. Yo soy así, me indigno por tonterías.

Al navegar por la red, abrimos un blog, el twitter o el facebook de usuarios canarios y nos encontramos con textos escritos en los que se utiliza de forma habitual la segunda persona del plural (tenéis, buscad, hubieseis, detendríais, habéis tocado...). Un uso, exceptuando pequeños reductos de nuestras islas, que nada tiene que ver con la realidad lingüística del archipiélago.

Las nuevas tecnologías también usan la lengua para comunicarse, afortunadamente. Y es cierto que el uso de la lengua en las redes tiene unas características diferentes al uso habitual, pero no por ello deja de ser lengua, ya que concluye con el mismo objetivo común: la comunicación. Todos esos usos son aceptables. Otra cosa es cuando se vulneran, se cambian, se amalgaman las formas adecuadas de cada situación de habla creando una forma totalmente artificial. Una cosa es usar emoticonos o expresiones creadas para ese tipo de medios y otra es intentar escribir usando las características normativas de otro lugar distintas a las propias. 

El asunto trasciende aún más. Este uso atropellado va más allá de los textos escritos en la plataforma globalizadora. También lo podemos encontrar en la lengua oral en los mismos soportes digitales o en las declamaciones en público. Cuál fue mi sorpresa al encontrar un día en la puerta de mi casa a una chica de mi pueblo que llegaba a venderme un producto que distribuye una empresa peninsular. La chica aconsejaba usar ese producto con argumentos que «vosotros mismos podréis comprobar» o «me llamáis para cualquier duda». Mis oídos no daban crédito. Casi me desmayo al ver cómo combinaba un «ustedes» con un «recordáis» sin inmutarse. A punto estuve de preguntarle si le había pasado algo en la boquita.

Hace poco acudí a una obra de teatro infantil. Disfruté mucho: los niños siempre producen esa sensación agradable cuando son protagonistas en algo. Pero algo hizo saltar la alarma en mi cerebro: los parlamentos de la obra alternaban las formas canarias y las formas peninsulares, creando un popurrí lingüístico inexplicable.

¿Qué será lo próximo? ¿Pronunciar la /z/?




Superada ya hace muchos años la discusión sobre si existe un español estándar, parece contradictorio que encontremos este hecho flotando en el aire cada día más, como un virus.
 
Resulta un tanto quejoso que, cuando por fin aquellos profesionales de la radio y la televisión que procedían de lugares como Canarias o Andalucía han retomado sus acentos originales, empiece a usarse este tipo de características impropias de las zonas y a imitación de otras más castizas. Fíjense en cómo se muestra desde hace ya mucho tiempo el acento andaluz de María Teresa Campos o José Antonio Maldonado sin ningún complejo, o el alivio con el que habla ahora un entrañable Paco Montesdeoca al dejar fluir su acento canario más que correcto. No sé cómo pudo mantener Cristina García Ramos su acento en aquella época en la que era obligatorio pronunciar un español muy de Valladolid o Burgos, si se quería trabajar en un medio de comunicación de amplitud nacional, y lanzar a los cuatro vientos aquel «CoraSón, coraSón». En aquella época y, según algunos, los españoles del sur, noroeste y nordeste (o sea, prácticamente el 65℅ de la población) teníamos «problemas de dicción». En fin. No sé yo quién tendría el problema.

En contrapartida y, sin que mi asistencia sirva de precedente, me he encontrado con la reciente incorporación de un cura a la iglesia de mi pueblo que trasmite su misa haciendo uso de la norma lingüística canaria. Al principio perecía extraño, tan acostumbrados nos tenían a la mezcla entre fragmentos institucionalizados con un uso peninsular y el resto de fragmentos de plática con un uso normativo canario. Pero paulatinamente el discurso se fue haciendo más lógico y, sobre todo, más cercano.

De todas formas, será lo que tenga que ser: los caminos de la evolución lingüística son inescrutables. Así que, podéis (pueden) ir en paz. Y que la bendición del Señor descienda sobre todos vosotros (ustedes).

jueves, 6 de febrero de 2014

Gary Moore, el viaje a la semilla

Para Carlos, el más elegante modesto.



Las horas que crecen a la derecha de los relojes deben alargarse por la pereza, ya que son las que más seguramente llevan a la muerte.
Viaje a la semilla, Alejo Carpentier

Como quien contempla el vuelo de un pájaro esperando que se pose en el árbol más cercano, esperábamos que en la página web del gran guitarrista saliese la fecha española de su gira. Pero se posó en el peor árbol para él: el árbol podrido. Quiso el destino que ese árbol se encontrara aquí, muy cerca, en el jardín de un hotel de Estepona (Málaga), y que significara la llegada a tierra de un náufrago que se encuentra con la isla habitada y cae inerte en la ceremonia de bienvenida.

Hoy hace ya tres años desaparecía uno de los grandes guitarristas (y vocalistas) de la escena del blues y el hard rock: Mr. Robert William Gary Moore.

La carrera de este artista, que debió nacer al menos mulato, se puede dividir en dos grandes partes bien diferenciadas: una primera etapa de unos 20 años, en la que estableció como telón de fondo el blues y se entregó al rock, hard rock, heavy metal e incluso al jazz-fusión en bandas poco conocidas como Skid Row (no confundir con la banda de heavy metal), Thin Lizzy (en la que coincidió con su gran amigo Phil Lynott), Colloseum II o en solitario; y, una segunda etapa, con BBM, Scars o con su propia banda a partir de 1990, en la que se entregó de lleno al blues, el origen de toda esta música.

Ya en aquella primera etapa, emulando a la enredadera de «Viaje a la semilla» de Alejo Carpentier, creció una madura y sentida pieza creada junto a su amigo Phil Lynott, un inglés mestizo que se convirtió en un héroe en la vecina Irlanda. Las calles de París son distintas, más bellas si cabe, a partir del día que vino al mundo Parisienne Walkways. El paso del tiempo no ha hecho mella en tremenda composición.



Durante los 80 se introduce en el rock más melódico y se deja seducir por las influencias celtas de su madre patria. Es el momento en que se da a conocer a toda Europa y al resto del mundo. Inolvidable aquella Out in the Fields o la épica Over the Hills and Far Away de su LP Wild Frontier.

El disco After the War de 1989 supone un impasse, un regreso al hard rock a modo de despedida en el que colaboran dos grandes figuras de este género: Ozzy Osbourne y Cozy Powell. La madurez musical enfilaba el cruce de caminos donde se decide el regreso a casa.

Borrábanse patas de gallo, ceños y papadas, y las carnes tornaban a su dureza.
Viaje a la semilla, Alejo Carpentier

Como en el cuento de Carpentier, las hojas y ramas (el rock, el jazz, el heavy metal) se iban desvaneciendo para dejar al descubierto el tronco y su semilla: el blues. El álbum Still Got the Blues (1990) marca un antes y un después. Gary Moore se vuelve más intimista y gira hacia los encantos y sensualidad de esta música. Los éxitos no tardaron en llegar de la mano de temas como el que da título al disco, King of The Blues, Walking by Myself, Midnight Blues o la excitante Oh, Pretty Woman, grabada junto a uno de los tres reyes de la música del Mississippi: Albert King. A este gran éxito, le siguen After Hours (1992), con la colaboración de B.B. King y Albert Collins, Dark Days in Paradise (1997), la declaración de intenciones que supuso Back to the Blues (2001), el homenaje a los clásicos en Close As You Get (2007), Bad for You Baby (2008) u otros trabajos en diferentes formaciones. En 1993 salió a la venta toda una joya en directo, Blues Alive, un disco para enmarcar digno de una futura entrada en este blog.

Moore captó desde el principio la energía de Jimi Hendrix y nunca tuvo miedo a que su blues sonara a rock ni a que su rock sonara a blues. Es por ello, que el destino quiso que lo último que grabara fuese un disco tributo a esa gran figura: Blues for Jimi (2012).

El tiempo invertido acaba por hacer desaparecer, sin violencia, tranquilamente, a los personajes más relevantes. Pero sus seguidores sabemos que Moore siempre tendrá un blues para nosotros.

Te echamos de menos, Gary.


domingo, 26 de enero de 2014

Reclamación de intenciones

Me irrita
la ausente empatía social y la xenofobia cultural
el que viene con la verdad en la mano porque no ha visto más allá de su frente

Me enoja
el descuido de un camarero sin vocación de bar
que no atina a hacer un paréntesis
en su ridícula conversación deportiva
con el pelele indultado por el pueblo

Me enfurece
el machismo latente encubierto por obras ensayadas a largo plazo
que las confesiones religiosas no sepan ni quieran actuar como teorizan
que los alienados sociales se manifiesten alienadamente contra los no alienados
la búsqueda estéril de reglas
cuando las excepciones salen siempre vencedoras

Me exaspera
el precario y fallido GPS de mi cabeza
que me traiciona a veces y me lleva más allá de mi destino
o me hace abrir la puerta de mi casa con el mando a distancia del coche

Me deprime
la negligencia de un matrimonio veterano que se descuida y desatiende
que considera el erotismo como algo ajeno y del pasado

Me molesta
que se sienta como símbolo patriótico un animal astado
como instrumento favorito una pandereta
los rótulos publicitarios sobreimpresionados en la pantalla
que el correcaminos siempre salga vencedor ¡Mic! ¡Mic!
tras el intento fallido del coyote por hacer explosionar la pólvora ACME mojada
que contestemos ¡bieeeen! a la pregunta payasera de los de bata roja
y no sepamos decir mal con exclamaciones

Me fatiga
alzar la voz sin necesidad y bajarla cuando se precisa un grito
que conozcamos el precio de casi todo, pero el valor de casi nada
que no se dé un paso atrás para coger carrerilla
y se siga adelante, contra la pared

Me agobia
que hagamos el bien mirando a quién
la absurda o ridícula condescendencia del caballero con armadura oxidada
que algunos consideren un disparate esbozar una sonrisa gratuita
que la solidaridad tenga que ser aprendida o impuesta

Me duele
que en toda una vida no se haga una inofensiva locura que salpimiente la existencia
la falta de objetividad: el blanco y el negro de las cosas han muerto
¡Viva el gris!

Me agobia
la imprecisión
la violenta e infantil reacción adulta contra la violencia gratuita
resultado de la ecuación: 1 golpe = 2 impactos (1 de vuelta + 1 de regalo)
la conversión de un hecho aislado en toda una generalidad 

Me da miedo
perder el miedo


Vikowski

lunes, 30 de diciembre de 2013

En el principio fue la música, el arte de las musas

Sin música la vida sería un error
Friedrich Nietzsche





Después de un duro día de trabajo, te trasladas hasta el aparcamiento y entras en el coche; dedo al botón del play y el cansancio va desapareciendo de vuelta a casa gracias a la música. Esto es un sencillo, pero habitual, ejemplo del poder reparador de esta arte. Ya en la Antigüedad Clásica, Platón decía que la música es al alma lo que la gimnasia al cuerpo.

Aunque algunos hayan pretendido históricas asociaciones malévolas, como hizo Hitler con Wagner, la música es un lenguaje universal que no entiende de idiomas, ni de culturas, ni de razas, ni de religiones, ni de sexos… Según el escritor Gonzalo Moure, «la música es el medio para comunicar lo que las palabras no pueden».

La Fundación Barenboim Said formó en 1999 la WEDO (West-Eastern Divan Orchestra), compuesta por talentosos músicos palestinos y judíos con sede en Sevilla, y cuya máxima defiende que “el conocimiento es el principio”. Es muy difícil imaginar que estas dos culturas tan enfrentadas desde hace más de sesenta años se unan con facilidad para crear arte, para crear música, dejando de lado cualquier dogma o precepto. Pero la música lo traspasa todo.

El compositor Eric Whitacre consiguió reunir un coro virtual de unas dos mil voces para unir todo el mundo a través de la música.

Hay sociedades sin escritura pero ninguna sin música. Leonard Bernstein decía que «la música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido». Cuando se escucha música en grupo se produce una actividad emocional que nos une, se forjan lazos sociales, se rebajan las tensiones y se fomenta la cooperación. Como apostillaba Robert Browning, un poeta inglés del siglo XIX, «el que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla». Unos siglos antes, Cervantes escribía que «la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu».

Recientemente se ha descubierto que al escuchar música se activan las áreas del cerebro que se encargan de la imitación y la empatía (neuronas espejo). Aprendemos a hablar al escuchar los sonidos musicales del lenguaje. Cuando hablamos cantamos, le damos ritmo a la conversación para transmitir una u otra sensación.

La música nos hace sentir cosas diferentes según el momento. Nos hace identificar personas, lugares, situaciones... Forma parte de nuestra vida como un elemento imprescindible. Recordamos nuestras épocas pasadas apoyándonos en canciones que forman parte de nuestra particular banda sonora. La música proporciona recuerdos, sí, también tristes. Y así, se puede decir que una canción no gusta porque es capaz de evocar un momento de la vida que no satisface. No obstante, la música da unas pinceladas y transforma el peor momento en una obra admirable.





La música inunda otras artes, como el cine, para completarlas. La banda sonora de una película nos traduce las emociones y estados de ánimo de los personajes; sin ella el cine pierde contenido o produce una ambigüedad que no es deseada por el director (a veces sí lo es). El mismísimo Steven Spielberg decidió que la vida extraterrestre se comunicaría con nosotros a través de una serie de cinco notas en aquella inolvidable Encuentros en la Tercera Fase.

                            Michael Matijevic  fue la voz de Mark Wahlberg en Rockstar



No hay estación del año que no recordemos gracias a ella, como los villancicos en Navidad o la canción del verano. La música es parte de la publicidad; relacionamos una marca comercial con una sintonía o canción. No es gratuito que muchas empresas nos hagan esperar al otro lado del cable telefónico con una musiquilla. No hay tienda, pub o centro comercial que se precie que no esté ambientada con canciones acordes a la situación. Y no existe una buena fiesta si no hay música de fondo.



De todas las artes, la música es la más solidaria. Muchos músicos pertenecen a organizaciones como Axis of Justice, una organización fundada por Tom Morello de Rage Against The Machine y Serj Tankian de System Of A Down con el fin de buscar mejoras en la política social. Se graban discos benéficos como No Boundaries para recaudar fondos a favor de los refugiados kosovares y en el que han participado artistas tan dispares como Pearl Jam, Black Sabbath, Alanis Morissette, Neil Young, Jamiroquai o Shakira. O se organizan conciertos con los mismos fines, en los que se crea una magia que no aparece en ningún otro tipo de espectáculo. Es el momento en el que algo inexplicable se apodera del entorno tocando conciencias. No es de extrañar que el reputado director de orquesta Pablo Heras-Casado esté convencido de que la música es una combinación de análisis y pasión.



La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón. La música en vivo es la interacción de las musas. Quizás algo de lo que otras artes carecen. Es el momento en el que se presenta la obra de arte al público en tiempo real.

En 1969 Woodstock representaba a toda una generación unida para protestar contra la guerra y en favor de la paz y el amor. Más de 400000 personas se dieron cita durante los tres días que duró el evento, pese a la lluvia que tiñó de sepia su recuerdo.




El Live Aid, concierto promovido en 1985 por Bob Geldof, reunió simultáneamente en Wembley y Filadelfia a los mejores artistas del momento en favor de los pueblos de África Occidental que sufrían una grave sequía. La actuación de U2 fue una de las más memorables cuando abrieron su actuación con la muy simbólica y emblemática Sunday Bloody Sunday o cuando sacó del público a una fan enfervorizada y bailó con ella. Mientras tanto, en la otra orilla del Atlántico las piernas de Tina Turner se deslizaban por el escenario para acompañar a un hiperventilado Mick Jagger.




1989. Moscow Music Peace Festival. Era la primera vez que las mejores bandas de hard rock cruzaban el histórico Telón de Acero para darse cita en un enorme espectáculo a favor de la paz y en contra de las drogas, aunque la mayoría de los músicos participantes llegaron en su particular vuelo psicotrópico. El público del Lenin Stadium de Moscú enloqueció y se levantó de sus asientos desde el primer momento (cosa que se les tenía totalmente prohibido). Los soldados, que hacían de seguridad, no pudieron más que despojarse de sus chaquetas y gorras uniéndose a la gran fiesta. Tres meses más tarde caía el Muro de Berlín y dos años después la Unión Soviética. No es de extrañar que al evento se le bautizara como el día en que las guitarras fundieron el Telón de Acero. Si esto no se incluye en los libros de Historia, Herodoto se removerá en su tumba.




Parece que todo lo que podemos expresar sobre esta bella arte se queda corto o es insignificante. Las musas me atraparon hace muchos años y no me han dejado salir de su universo. Pero tampoco yo he necesitado en ningún momento huir de su en(canto).



sábado, 21 de diciembre de 2013

Un toque de canela o la sal de la vida

Si miramos atrás en los andenes la imagen permanece como una promesa



Un toque de canela es un inquietante drama cómico lleno de simbolismos que descubre en su trasfondo los problemas históricos entre los pueblos griego y turco. La historia se repite: muchas familias tuvieron que separarse para no volver a verse en muchos años. Los turcos expulsan a los griegos de Estambul por ser griegos y los griegos reciben a estos como turcos. Decidir entre tu padre o tu madre, escoger convertirte a otra religión o poner las creencias e ideales por encima de todo. Demencial, pero real. La triste y vieja historia.

Con la temática gastronómica en forma de metáfora de la vida misma, la obra recuerda la estructura y receta utilizada por la mexicana Como agua para chocolate.

La madurez actual del protagonista Fanis nos remite al recuerdo de su infancia y a la preparación de cualquier comida que se precie.

Los entrantes suponen las primeras lecciones culinarias de su abuelo Vassilis, o lo que es lo mismo, las primeras lecciones de la vida. Vassilis enseña a Fanis (g)astronomía a través de un juego etimológico constante a lo largo de todo el largometraje. Ese detalle lúdico aparece tras el velo de un realismo mágico oriental que nos transporta a pasajes de Las mil y una noches. La guinda de este periodo lo pone la adorable Saime, la niña que baila para Fanis.


 Tenía la habilidad de evocar sin provocar

El plato principal coincide con el  momento de brillantez de un joven capaz de afrontar la vida de otra manera distinta a la de los demás y crear platos sospechosamente deliciosos. Y ya se sabe, los necios mundanos se conjuran contra el genio.

Los postres suponen el reencuentro de Fanis con los valores tradicionales de la familia, la vuelta al pasado desde la perspectiva actual, una visión deformada del recuerdo que se mantiene intacto. Así se lo hace saber su tío, un experimentado capitán de barco: «Hay dos tipos de viajeros en la vida: aquellos que parten y aquellos que retornan; los primeros miran el mapa, los segundos miran al espejo». ¿Seguirá siendo todo igual?

Magistrales saltos temporales utilizados por el director dan linealidad a la historia más que hacernos perder el hilo narrativo. Como ejemplo, la escena en la que Fanis ayuda a un anciano a encender la vela en un templo ortodoxo, tal como había hecho su abuelo Vassilis con él treinta años antes.

La película inunda nuestros sentidos, sobre todo el olfato y el gusto, cosa extraña para un arte que casi siempre entra por los ojos. Las especias en la comida es lo que diferencia un plato de otro. La canela tiene el poder de hacer que las personas se miren a los ojos. Tiene el sabor del pezón que amamanta al recién nacido (y también al adulto). Es el sabor femenino por excelencia: dulce y amargo. Sí, la canela es lo más importante de todo, o lo es la astronomía, o lo es el amor.

martes, 26 de noviembre de 2013

Desde que soy mujer (relato)

  



  Desde que soy mujer todo es distinto. He experimentado muchas sensaciones extrañas y nuevas para mí. Mi cuerpo se balancea de una manera diferente cuando camino, formando un pequeño ritual exótico al que me estoy acostumbrando gratamente. Puedo ver la tele y leerme un libro al mismo tiempo con total comprensión. Me molesta ver lo tontos que suelen ser los personajes femeninos de las películas de domingo por la tarde. En realidad, eso también me molestaba antes, cuando era hombre. Si busco la mantequilla en la nevera o la factura de la luz del mes pasado las encuentro siempre en su sitio. Qué bien me hace sentir eso.

   El lunes, maldita sea, en una tienda de ropa corregí a un tío que había confundido el naranja con el rosa palo. ¿Estaba ciego o qué? Sin embargo, me encantó que me mirase de aquella forma al salir de allí. Me sonrojé y se me escapó una pequeña sonrisa.

   El martes un señor me cedió el paso al salir de las oficinas del banco y lo censuré con la mirada. Sin embargo, ese mismo día por la tarde, un hombre se introdujo delante de mí en el ascensor y lo tildé de maleducado. Bueno, por lo menos no era la misma persona de la mañana.

   El miércoles estábamos todas mis amigas juntas a la mesa con dos compañeros de trabajo y, no sé cómo, se torció la cosa. Formamos un alboroto tremendo. Yo alababa las habilidades de mis amigas hasta que de repente noté que me estaban sacando ventaja frente a los chicos. Sentí un impulso extraño y empecé a retarlas verbalmente. Me molestaba que mis compañeros se fijaran más en ellas que en mí. Sentir eso es lo que me molestaba en realidad. Por suerte fui un momento al baño y allí, mientras me liaba con la ropa que me tenía que quitar, reflexioné y determiné que tenía que irme a casa. Ya no me lo estaba pasando bien. ¡Dios!, ¿qué me pasa?

   El jueves Juan, el chico guapo que trabaja en la oficinas de al lado, me dijo que me sentaba muy bien el pantalón que llevaba y yo le respondí irónicamente: «Sí, supongo que igual que el lunes y el martes pasado». Ahora lleva un par de días raro conmigo y no sé por qué. Incluso creo que me esquiva. Hay que ver cómo son estos tíos. Antes, cuando no me hacía ese tipo de comentarios, me llamaba más la atención. Ahora, me parece uno más. 

   ¿Qué querría decir este viernes por la mañana mi jefe cuando me comentó que teníamos que hablar para acordar una estrategia común para la nueva campaña? Seguro que ya tiene algo planeado, seguro que lo que quiere es decirme que no cuenta conmigo esta vez. Debe ser eso, pues la última vez tuvo que admitir que mi alternativa era mejor que la de él. Supongo que querrá dejar claro quién es el jefe.

   El sábado le conté a mi amiga Marta todo esto y ella cree que tengo una visión equivocada, que todavía tengo algo de hombre dentro de mí y por eso estoy confundida.


   Sinceramente, es más fácil ser hombre. Pero los domingos tengo más tiempo para mí y se me pasa la idea de dejar de ser mujer cuando me voy al espejo, me miro, me quito el sujetador y me presiono las tetas con mis manos aún masculinas.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Parábola del argumentario español



Cuando era niño, Antonio jugaba con su amigo Jorge. Sus padres les habían puesto las cajas de juguetes en el suelo del comedor. Antonio se fijó primero en la caja de su amigo y protestó: esta tenía más juguetes que la suya, o eso es lo que él creía. Se esforzó muchísimo en dejarlo claro una y otra vez y, por mucho que los padres usaron cualquier tipo de argumento para hacerle entender, Antonio no aceptó aquello y no paró hasta que trasladaron algunos juguetes de la caja de Jorge a la suya. Jorge no entendía nada y se mantuvo apartado y expectante durante mucho tiempo, en silencio.
A los 12 años, los padres de Antonio y Jorge decidieron dejarlos salir  juntos. Les pusieron un horario de vuelta y les dieron algo de dinero a cada uno. Aun sin haberse fijado en lo que su progenitor le había dado, a Antonio le pareció que el padre de Jorge había sido más generoso con este. Solo tuvo ojos para lo que había percibido su amigo y determinó que era mucho más de lo que a él le habían aportado. Una auténtica injusticia, pensó Antonio, y decidió que ya no tenía ganas de salir.
Agolpados tras las listas del tablón de anuncios, los resultados de las pruebas de selectividad arrojaron un 8.2 para Antonio. Jorge le sonrió y, con un golpe en la espalda, lo felicitó entusiasmado. Ambos se abrazaron. Pero Antonio se dio la vuelta y deslizó su dedo por el papel hasta alcanzar el apellido de su amigo. Todo se vino abajo: Jorge había obtenido un 9.1. Intentó disimular su reacción, pero un ardor le recorría el cuerpo. Hizo un comentario insincero y adujo excusas poco claras para marcharse de allí.
Aunque Antonio se fue a estudiar a Salamanca y Jorge a Barcelona, años más tarde coincidieron en la misma empresa aeronáutica. La amistad entre ambos no era la de antaño y ya no hablaban como antes. Antonio se enteró por un compañero de que Jorge atravesaba económicamente un mal momento. Sus padres habían muerto y le habían dejado como herencia una multitud de deudas.
Cuando llegó Navidad, los jefes decidieron hacer regalos económicos a sus trabajadores. La empresa no supo elaborar con elegancia la entrega de estos premios y adjudicó directamente sobres con dinero en mano. Cuando estaban haciendo el brindis de despedida, Jorge fue al servicio y dejó el sobre a la vista de Antonio. Una fuerza misteriosa, pero extrañamente conocida, hizo que Antonio comprobara el interior del envoltorio sepia. Vio que su amigo Jorge tenía el sobre prácticamente vacío y que, curiosamente no se había quejado. Esto lo dejó helado, pues su propia moral le avisaba de la situación controvertida en la que se encontraba. Aun así, le restó importancia, cerró su propio sobre y lo apretó con su mano derecha para que no se le escapara de allí dentro ni un solo céntimo.


lunes, 7 de octubre de 2013

Perr(l)as de música: resaca del verano

     The Winery Dogs de The Winery Dogs. Sin duda, será uno de los mejores discos del año. Un soplo de aire fresco que viene a las mil maravillas para reflotar, con la extrema calidad de sus creadores, la exquisitez y sencillez del rock clásico: Richie Kotzen (Kotzen/Howe Project, Poison, Mr. Big), presta su desconocida voz, que recuerda muchísimo a la de Chris Cornell, a la vez que se encarga magistralmente de las seis cuerdas; el gran Billy Sheehan (Mr. Big, Steve Vai) a las cuatro cuerdas; y, el omnipresente y versátil Mike Portnoy a las baquetas en su enésimo grupo. Un power trío de lujo que no tiene pinta de perdurar en el tiempo. Ojalá nos equivoquemos. Mientras tanto, a disfrutar de mucha melodía.



     13 de Black Sabbath. Los inventores del heavy metal han superado sus diferencias y han vuelto para quedarse un poquito más, aunque no pudieran terminar de convencer a Bill Ward (¿pretensiones económicas?). Pero no se rindieron y, ni cortos ni perezosos, han contratado a Brad Wilk de Rage Against The Machine. La voz de Ozzy suena mejor que nunca, incluso parece que ha perdido esa nasalidad que a los menos adeptos molestaba. Geezer Butler, creador de todas las letras, está majestuoso y Iommi se encarga de resucitar el temible tritono para aterrorizar al mundo.



   Heavy Metal Music de Newsted. El hijo pródigo regresa tras la expulsión, pero no a su antigua casa de Metallica. Tras su fugaz paso por la interesante banda alternativa Echobrain y algunas otras, Jason Newsted se planta con este disco de título simbólico que se mezcla con un trash metal bastante correcto, pero nada sorprendente. Salvando las grandes diferencias cualitativas, el sonido se podría situar entre su exbanda Metallica y los Megadeth de Dave Mustaine, el otro desterrado de aquella primera banda. Casi convendría que Newsted se uniera a este último y formaran algo más interesante juntos.



   Device de Device. Si te gustaron Disturbed y no te importa que se le haya sumado a su sonido un salpimentado de música electrónica, casi imperceptible, no hay duda de que los degustarás. Se había dicho que la voz de David Draiman pasaba por graves dificultades, pero debe haberse recuperado del todo porque no se nota absolutamente nada: la melodía sigue saliendo despedida de su boca acompañando al ritmo de forma única.




    Loud like love de Placebo. Esperadísimo regreso de esta banda que siempre ha sonado diferente a todo lo demás. Sin afirmar que su anterior Battle for the sun fuera un mal disco, con este han vuelto a reafirmarse sobre su sonido inicial, que aún tiene mucho que decir. Aunque se  ha criticado las letras de esta última obra por redundar en los mismos temas juveniles desde hace años, los que estamos más pendientes de la melodía, riffs y ritmos, disfrutaremos de esta nueva entrega muy bien equilibrada. Sin duda.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Infancia

Andar por la calle subiendo y bajando de la acera
dando vueltas sobre mí mismo
en círculos
detener el tiempo
atendiendo a un bichito que cruza la baldosa
y matarlo cuando mi madre me llama a capítulo

Incorporarme como cuadrúpedo
con el amortiguador hidráulico
con la cabeza más baja
consiguiendo un mareo
manteniendo malamente el equilibrio
semiflexionando las rodillas
para volver a postura humana

Reír a carcajadas entrecortadas
cuando mi tío me hace cosquillas
con los labios en la barriga
y se me estremece todo el cuerpo

Tirarme al suelo sin aterrizaje previsto
para tocar con las manos
la bola de papel que se ha caído
del escritorio de mi hermana

Señalar todo ser en movimiento
sin ningún motivo
con el dedo dictatorial encorvado
para que miren
simplemente, para que miren

Tararear una melodía
ajena a cualquier realidad musical
mientras ruedan los juguetes
motorizados con un empujón trasero

Negar con la cabeza la cucharada de puré
por costumbre, no por disgusto,
que mamá prepara con tanto cariño

Todo muy normal
hasta que me pregunto
¿Por qué todo el mundo me habla
como si fuera idiota?

Vikowski