lunes, 25 de enero de 2016

Un bálsamo que sana y fortalece

La música tiene la capacidad de elevarse a las alturas profundizando en el espíritu del ser humano y expresar sus hallazgos con un atractivo universal
Tim Blanning

De todas las artes, la música es la de mayor poder global en el mundo actual, la que ostenta la supremacía cultural. Pero, ¿qué debe poseer un músico, una banda, para triunfar con su arte? Hablamos de un triunfo en el sentido de trascendencia, de una confirmación temporal de ese triunfo, y no del éxito momentáneo. El triunfo no es el éxito, que es normalmente efímero. El triunfo de la música significa la instalación en el corpus mental y emocional del pueblo. Según el prestigioso profesor Tim Blanning*, para garantizar el triunfo de la música deben coincidir cinco elementos esenciales: la categoría (del artista), el propósito, los lugares y espacio, la tecnología y la liberación.

Hasta el siglo XVIII, los músicos eran esclavos y sirvientes. Ni Händel ni Haydn se liberaron de esta lacra hasta que marchan a Londres, capital de la música por aquella época. Mozart tuvo prestigio, pero hasta que no llega la figura de Beethoven los músicos no conocen la fama. Ya en el siglo XIX Rossini fue un auténtico ídolo de masas, el primer músico famoso de la historia. Paganini sumó a estas características su virtuosismo y una leyenda. Como relata Blanning, "circulaba el rumor de que había perfeccionado su técnica durante los 20 años pasados en la cárcel por asesinar a su amante, e incluso no faltaban quienes decían que la cuerda de sol de su violín estaba hecha con parte del intestino de la difunta". El público de la época pensaba que había vendido su alma al diablo: nadie podía tocar tan bien sin una ayuda sobrenatural. Creaba expectación haciendo esperar al público. Cuando salía al escenario, lo hacía con tres cuerdas rotas y ejecutaba con una sola cualquier pieza magistralmente. Poseía un irresistible atractivo sexual y las mujeres hacían esfuerzos en vano para no perder sus prendas íntimas bajo el escenario. Tamaña combinación de arte y artificio creó una imagen de un enorme poder, una auténtica estrella del rock.



Su sucesor fue Liszt, esta vez al piano. Sus conquistas femeninas dentro de la aristocracia europea fueron muy sonadas, algo que le hizo merecedor del odio en el ámbito masculino. La lisztomanía creó el primer fenómeno fan de la historia de la música: el público femenino gritaba excitado cuando salía al escenario, algo que no pudo ni verse ni oírse hasta un siglo más tarde con la beatlemanía. Con él, el músico dejó de ser sirviente para ser el amo.

Con Wagner se produjo el distanciamiento entre el músico y el público. Se buscaba un nivel tan alto que parecía que los músicos componían para otros músicos. Si bien es verdad que a mediados del siglo XVIII, "la formación de un público musical había avanzado hasta tal punto de que este empezó a ejercer una influencia cada vez mayor en la categoría tanto de la música como de los músicos".

El concierto público como máxima expresión institucional de la música se consolidó en el siglo XVIII. En los albores del XIX se había convertido en el principal medio de la música: pagar para ver y escuchar tiene un origen hasta cierto punto reciente. Hasta ese siglo no se reconoció a ningún músico como personaje importante en la sociedad, espacio reservado para artistas de otras especialidades. Ya en el siglo XX esto empezó a cambiar, sobre todo en la música popular. De hecho, en el Reino Unido, y a partir de la década de los 60, se convirtió en una tradición darles nombramientos honoríficos a los músicos, incluso más que a otros artistas de diferente ámbito. Son los casos de Bob Geldof, Paul McCartney, Elton John, Mick Jagger o Tom Jones. Fue en tierras británicas donde por primera vez se dieron cuenta del poder de los músicos en la sociedad y fue allí donde los políticos se rifaron a los Beatles como estandarte en sus campañas para atraer votantes. Las visitas a Downing Street de Bono o Noel Gallager, los eventos como el Live Aid de Bob Geldof y la actuación política del líder de U2 en Little Rock en 2004 son grandes muestras de triunfos musicales.



La música abraza el corazón herido con manos curativas y derrama en él un bálsamo que sana y fortalece
Carl Friederich Zelter

Los propósitos de la música son variados: poder, dinero, placer, redención o entretenimiento. La música siempre estuvo relacionada con la religión, pues esta era (y es) quien ostentaba el poder en muchos entornos. Con un propósito religioso o de redención se concebirían grandes obras como la Pasión según San Mateo de Bach o el Mesías de Händel. La música llegó tarde a la emotividad, la introspección, la autoexpresión, la originalidad, el culto al genio y la sacralización que surgen con el Romanticismo, pero fue el arte que mejor se instaló en este movimiento revolucionario, porque es el arte que mejor se percibe por los sentidos. A partir de Wagner, los dedicados a la música clásica "aceptarían como axioma la necesidad de crear música sincera, expresiva, espontánea, individual y, sobre todo, original". La música se había sacralizado y ya era de todos.

Aparte de la música clásica (diremos mejor, culta) hay dos géneros que demuestran que la música es el arte más romántico: el jazz y el rock. El jazz con figuras como Louis Armstrong, Duke Ellington o John Coltrane y su obra maestra A Love Supreme; el rock, que había nacido en los 60 de sus padres el rock 'n' roll y el blues, con nombres de la talla de The Beatles, The Animals, Yardbirds, Rolling Stones, los Cream de Eric Clapton o la canción protesta, más tarde electrificada, de Bob Dylan. Todos ellos contribuyeron a "la capacidad perdurable de la música para llegar a incalculables millones de personas y no solo para entretenerlas, sino también para estimularlas, elevarlas y, tal vez, incluso redimirlas". Pese a su fama o éxito, el pop no posee estos propósitos de redención, pues se trata de una música, normalmente, efímera, excesivamente hedonista y superficial, una música pasajera que centra su objetivo en el puro entretenimiento. Los Beatles no hacen su mejor música hasta después del encuentro con Bob Dylan, después de dejar atrás el ¡Yeah, Yeah, Yeah! y ponerse en manos de los "poderes artísticos" que les proporcionan la marihuana o el LSD. Todos los propósitos de la música se concentraron en ellos desde ese momento.

Los espacios donde se muestra la música también suponen un elemento importante. Durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX la música se mostraba para la aristocracia en las iglesias y en los grandiosos teatros de ópera que se fueron construyendo; para el pueblo, la música se mostraba en las tabernas. Con el incremento de la clase obrera en la segunda mitad del siglo XIX, estas tabernas fueron transformándose en otro tipo de espacios que darían como consecuencia el music hall. Así es como los menos pudientes consiguieron deleitarse con estos espectáculos, que más tarde atraerían también a los más adinerados. Por otro lado, justo antes de que acabara el siglo XIX, apareció un nuevo espacio que cambió la forma de emitir y recibir la música: el cine. Al principio, el asunto se limitaba a integrar extractos de piezas clásicas a las imágenes. Más tarde, fueron piezas compuestas exclusivamente para este nuevo arte: la banda sonora. Tanto se integró que hoy sería casi imposible imaginar una película sin la existencia del recurso musical. Pensemos en lo incompleto que sería el género en obras como El último mohicano, La guerra de las galaxias, El Señor de los anillos, Piratas del Caribe o Titanic. ¿El arte dentro de otra arte? El cine parecía poner punto y final a los espacios para la música. Pero no fue así. Pronto llegarían la radio y la televisión y se pasó del espectáculo compartido al espectáculo personal, apoyado por la nuevas tecnologías que irían surgiendo: la casete y el walkman, el mp3 y el iPod... Pero no por eso los espacios públicos se extinguieron. Al contrario, se centraron en ser más gigantescos. Todo comienza con el concierto que los Beatles dan en el Shea Stadium de Nueva York en 1965 ante 55600 espectadores, el primer concierto multitudinario de la historia y que descubre la máquina de hacer dinero con este tipo de eventos. Las catedrales de antaño mutan a estadios en los que se celebran conciertos de rock: la música es la religión del pueblo.

En cuanto a la tecnología, la idea de mejorar los instrumentos y el sonido que producen está patente desde el primer momento, como en el caso del primitivo clavicémbalo que se metamorfoseó en pianoforte. La creación de nuevos instrumentos como el oboe, el fagot, el clarinete, la trompa o el violonchelo a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, el saxo y la tuba en el XIX, o la guitarra eléctrica en el XX, fueron conformando y regenerando los recitales públicos. Estos instrumentos se abarataron con el tiempo y el pueblo pudo adquirirlos: por primera vez cualquier "humano ordinario" podía hacer música sin necesidad de saber cantar.

Pero si hay algo que tecnológicamente ha avanzado es la grabación. De aquel rudimentario fonógrafo inventado por Thomas Edison en 1878 y aquellas antiguas y nostálgicas producciones con ruido de fondo, hemos pasado a grabaciones de un resultado exquisito. A partir de entonces todo el mundo puede escuchar música.

La radio fue la que dio el empuje definitivo a esas grabaciones. O más bien deberíamos enfocarlo de otra forma: fueron esas grabaciones musicales las que impulsaron el auge de la radio. Algo parecido sucedió con la televisión. Al sonido se le sumaban las imágenes, que con el tiempo inmortalizaría la MTV, aunque esta solo emita ahora de todo menos música. Parecía que el video killed the radio star, pero no ha sido así. Las discotecas, surgidas en los años 60, se unieron a la radio y a la televisión para crear la máxima expresión de la ubicuidad de la música en el siglo XX. Con el tiempo, el vinilo dio paso a la casete, al walkman, al disco compacto y al mp3, y la forma colectiva de escuchar música cambió. Es increíble cómo, con un simple deslizamiento del dedo sobre la pantalla del teléfono móvil, la música, cualquier música, empieza a sonar: "sean cuales sean los avances tecnológicos que haya en el futuro, el arte que más probablemente se beneficiará de ellos será la música".

Sí, es cierto, la música está al alcance de todos. Sus características actuales de accesibilidad, portabilidad, diversidad y ubicuidad lo hacen posible. Pero también han hecho que la forma actual de escucharla ponga en duda su triunfo. Pese a que la tecnología haya avanzado, el uso indiscriminado de soportes inadecuados para el acto sagrado de escuchar música ha pervertido su finalidad, lo ha cambiado. No hay correspondencia directa entre tecnología y calidad: la música es escuchada por más público que nunca; sin embargo, una gran  parte de esa multitud no la escucha en el soporte apropiado y este hecho pone en peligro su triunfo.

La música es un elemento de liberación, ha sido y es el orgullo de los pueblos, la forma con la que se expresa el sentimiento de lo propio. Los nacionalismos del siglo XIX tiraron de la música para exaltar las tierras que pisaban sus habitantes y conocieron la fuerza que emanaba. Numerosos hechos constatados dan fe de ello: los himnos cantados por el ejército prusiano de Federico II el Grande lograba victorias extraordinarias sobre las tropas austriacas, aunque estas fueran muy superior en número. Todas las grandes naciones se esforzaban por tener mejor música que sus vecinos. Y es en este momento cuando surgen los himnos, una forma de bandera y símbolo. El poder musical era inversamente proporcional al poder militar y económico.

La Marsellesa es el himno más destacado de la historia en este sentido. Con ella se liberó al pueblo francés del absolutismo, aunque con ella también se cortaron cabezas (culpables e inocentes) y, en la actualidad y en su nombre, se bombardean pueblos y ciudades de Siria tras la masacre perpetrada por los terroristas en París. Sin duda, es el himno nacional más sangriento que se haya escrito nunca. Su lenguaje combina perfectamente un sentido de la rectitud absoluta con una paranoia violenta, un himno sin rival hasta que la Internacional Socialista adquirió popularidad a finales del siglo XIX. Quedémonos aquí con el uso dado a este himno como liberación de un pueblo oprimido, tal como lo reflejó magistralmente Michael Curtiz en una de las mejores películas de la historia. Con el consentimiento de Rick, la Marsellesa fue dirigida espiritualmente por Victor Lazlo para aplastar a la alemana Die Wacht am Rhein. Sencillamente, emocionante.



Desde los inicios del siglo XX en EEUU ("el país de las libertades"), la raza negra ha luchado por una integración que se les había negado desde siempre. Y fue la música su única forma de protesta en un principio, su mejor aliado, la que abrió la puerta a todos los movimientos sociales posteriores. Fue esta música de la que hablaba Duke Ellington cuando expresaba que "la de los negros es la voz creativa de América, es la América creativa y el día en el que el primer pobre esclavo llegó a sus costas fue un día afortunado para América". Durante muchos años en el continente americano la música se dividió en música negra y blanca, la vieja y testaruda visión maniquea. Pero fue la propia música, una vez más, el arte más luchador para acabar con la segregación racial y romper las barreras entre ambas razas. Los blancos americanos no tuvieron más que rendirse a la supremacía artística negra que, con el jazz y el blues (el rhythm and blues), encandilaban a todo el mundo. A partir de ahí, las consecuencias fueron inevitables: el country blanco y el rhythm and blues negro se casaron y nació el rock ´n´roll, ese "peligroso" hijo mestizo que ejerció de afrodisíaco sexual.

En los 60, el soul fue la voz de los derechos civiles. Las canciones de Aretha Franklin como Respect o el Say it loud -I'm black and I'm proud de James Brown se convirtieron en auténticos himnos abiertos, la banda sonora con la que Martin Luther King nos habló de su sueño, un sueño que se enfocó de manera distinta en los 70 y 80 con la llegada del hip-hop y el rap.

El mundo de la política ha querido, torpemente, atraerse esta fórmula para sus discutibles fines. Aquella ñoña adaptación de 1987 en campaña europea que la entonces Alianza Popular hizo de The Final Countdown de Europe, el éxito rockero del momento, horrorizó a todos los fieles seguidores de los suecos. Más recientemente, el actual candidato republicano Donald Trump subió al escenario mientras se escuchaba el It´s the End of the World as We Know It (and I Feel) de REM sin el consentimiento de la banda. Al enterarse sus creadores lo mandaron literalmente a la mierda. No contento con ello, el candidato intentó que sonara en su campaña el Dream On de Aerosmith y el himno de Neil Young Rockin' In The Free World. Ambas respuestas fueron negativas. ¿Como iba a acceder el viejo rockero a prestar una canción que habla de un mundo libre a un tipo que defiende que el mundo sería mejor con Sadam Hussein y Gadafi? Pero su empeño no decayó. Tenía claro que en su campaña tenía que sonar un clásico del rock, y lo consiguió finalmente: los Twister Sister han cedido su We´re Not Gonna Take It. (No comment).

Nos resulta imposible no ver la correlación entre música y sexualidad, porque, al ser tan increíblemente rítmica, la música está muy correlacionada con la sexualidad y con el ritmo de esta, y con el ritmo del corazón al latir y con los movimientos del coito, y con el modo en que te hace sentir cuando la oyes. Intentamos que nuestra música provoque una erección
Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers

Desde muy pronto la sexualidad estuvo expresada por la música en todos los géneros en que intervenía, desde la ópera hasta el cine, aunque inicialmente no fuera tan explícito. En el siglo XX, el camino iniciado por el rhythm and blues, lo continuó el rock 'n' roll, el género que mejor se desprendió de todo tabú para mostrarse, desde su propia denominación, con una sexualidad implícita y explícita: Elvis Presley, David Bowie, Mick Jagger, Robert Plant, Roger Daltrey... Los sociólogos Simon Firth y Angela McRobbie aseguran que "de todos los géneros de masas, el rock es el más interesado explícitamente en la manifestación de la sexualidad". Hasta el mismísimo George Bernard Shaw acuñó desde un primer momento una definición de rock 'n' roll que aún parece seguir vigente: "Es la expresión vertical de un deseo horizontal legitimado por la música".

De la petición de autógrafos en los 50 se pasó a la formación de groupies en los 60, cuyo objetivo era ofrecer todos los servicios sexuales a sus héroes. Aquel chaval llamado Eric Patrick (Clapton) que pasaba totalmente inadvertido en el instituto, tomó una guitarra, formó una banda y todas las chicas quisieron echarse la siesta con él. Otros, como David Lee Roth, se sumaron al negocio de la música para ver cumplidas sus fantasías sexuales. Estos últimos, normalmente, se vieron engullidos por sus propios egos tiempo más tarde.

La llegada de la liberación homosexual fue acompañada de forma espléndida por la música. El andrógino y tristemente desaparecido David Bowie, abiertamente bisexual, abrió la Caja de Pandora de esta justa liberación y se convirtió en el mayor icono de los 70 de otras expresiones sexuales. En los 80 Elton John continuó a su manera la lucha por esta apertura. Una vez más, fue el rock el género musical que abría sus puertas de par en par a lo desconocido, quien se arriesgaba a ofrecer cobijo a los necesitados, sin conocer muy bien las consecuencias.

1992 fue el año del homenaje al icono más grande que haya tenido la música contemporánea: Freddie Mercury. Aquel día los 72000 espectadores de Wembley, más los 500 millones de personas que lo vieron en directo a través de sus pantallas, convirtieron al cantante en un mártir y fue canonizado por las musas en un acto de redención colectiva.



El hombre que no posee música en sí ni se siente movido por el concierto de dulces sonidos es muy apto para traiciones, estratagemas y rapiñas; los movimientos de su espíritu son más negros que la noche y oscuras como el Erebo sus inclinaciones: no hay que fiarse de él. Sigue la música
William Shakespeare, El mercader de Venecia
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*Blanning, Tim, El triunfo de la música. Los compositores, los intérpretes y el público desde 1700 hasta la actualidad, Ed. El Acantilado, Barcelona, 2011.

martes, 29 de diciembre de 2015

Record-mendaciones: propuestas musicales para despedir el año

Golgotha de WASP. Una producción de altísimo nivel de letras religiosas y épicas y que nos traslada en intenciones a aquel sorprendente The Headless Children de 1989. La voz imperecedera del líder de la banda, Blackie Lawless, sigue estando sencillamente soberbia. Desde el primer momento nos seduce con esos arpegios distorsionados marca de la casa en Scream y nos mete en el segundo tema, Last Runaway, sin pestañear y sin perder ningún atractivo. Dos medios tiempos (como la extraordinaria Golgotha), una balada, vuelta a la caña y Santiago y cierra España. La virtud de este disco es que queda incorporado al imaginario WASP casi desde la primera escucha: sus temas suenan como si siempre hubiesen estado ahí. La balada Miss You, muy en la onda de su mítica Sleeping (In The Fire), suena con un sentimiento insuperable y bordada por un solo de guitarra que hace erizar el vello de las partes más recónditas. Auténtico heavy metal americano que siempre sabe encontrar en el oyente la sintonía adecuada. 



Hot Streak de The Winery Dogs. Estar en racha: un simple apunte para un tremendo trabajo. Lo más difícil para una nueva banda que publica por primera vez un disco es mantener el nivel o mejorar el primero. Las dos cosas es lo que ha hecho esta enorme banda que, en forma de power trío, está haciendo las delicias en escenarios de medio mundo. En su visita a España, nos trasladaremos hasta Madrid el próximo 9 de febrero para comprobarlo. Por lo tanto, nada más que añadir, salvo la promesa de reseñar a través de una crónica en Agua de Gula ese concierto.



Blaster de Scott Weiland & The Wildabouts. El rayo que no cesa. Trabajo nominado para ser disco de culto. Y no solo por su calidad, que la tiene y es mucha, sino también por las desgracias que se ciernen sobre este grupo y este disco: la muerte del guitarrista Jeremy Brown un día antes de la publicación del disco y la muy sonada de Scott Weiland el pasado 3 de diciembre en plena gira. Auténticas muestras de vidas roqueras rodeadas de los matices personales y profesionales que les queramos dar. No se me ocurre mejor forma de trascender en la historia de la música rock. Si lo tenían preparado, les ha salido genial. Descansen en paz.
En otro orden de cosas, el disco es una joyita del rock sin etiquetas, que se mueve, como no podía ser de otra forma, bajo los mejores parámetros de Stone Temple Piltos y Velvet Revolver (los dos grupos por los que pasó Weiland, pero de los que salió fulminado como un rayo, que no raya). Muy apetecible a cualquier hora por su frescura y por lo pegadizo de algunos estribillos. Riff tras riff, como el de Modzilla o el de Parachute, que enganchan el rock con el pop que emerge en Beach Pop (¿un guiño a los Beach Boys?) magistralmente.



Book of Souls de Iron Maiden. La vieja doncella vuelve a lo grande. Recuerdos de Seventh Son of a Seventh Son por aquello de la composición conceptual y canciones largas como Empire of the Clouds (extraordinaria) o The Red and the Black en un tono progresivo por la redundancia en sus riffs y que, en este caso, parece estar pensada para el directo y corear hasta la extenuación. Eso sí, con lo que duran dos temas de estos más The Trooper y Aces High, un concierto actual de los Maiden estaría casi finiquitado. En definitiva, no decepcionará en absoluto a sus seguidores porque ahí siguen estando los fantásticos cambios de ritmo, la voz imperecedera del piloto de aviación Bruce Dickinson (que superó un cáncer de lengua recientemente) y el caballo desbocado (léase el bajo de Steve Harris), seña de identidad de la banda.



The Way Life Goes de Tom Keifer. La madura Cenicienta se pasea con total desparpajo. Se trata de un trabajo del año 2013, aunque haya caído en nuestras manos recientemente, que se lee como una montaña rusa: se comienza en lo más alto con el tema introductorio y se baja (en intensidad) hacia temas lentos, para volver de nuevo al heavy-country, seña identitaria de Cinderella, la vida central de este gran artista. Muy recomendable para estas fechas.




Inmortalized de Disturbed. La voz que sigue el riff. Después de ver el tráiler Past & Present que anunciaba la salida a la venta de Inmortalized, el cuerpo se nos estremeció para salir en su búsqueda. Disturbed han vuelto a recordarnos que aquella banda que nos dejó a todos boquiabiertos con aquel tremendo debut (y aquellos temas como Down the Sickness o Stupify) no se convirtió en un desaparecido más, como tantos de aquella época que eclosionaron con el nu-metal. Probablemente porque siempre fue un grupo distinto que combinaba ese nuevo sonido con el metal industrial sin olvidar nunca que esto iba, al fin y al cabo, de metal. Los particulares riffs de guitarra y ultrarrítmicos bajo y batería siguen haciendo de ola que surfea la voz de David Draiman como lo ha hecho siempre. Por otro lado, es probable que en este álbum sobre algún tema que parece más de relleno o que no encaja con la línea que sigue el trabajo (citemos como ejemplos la versión de Sound of Silence de Simon & Garfunkel o la electrónica You´re mine). No obstante, es casi seguro que la popera y comercial The Light acercará el sonido de la banda a oídos que se tornan normalmente cerrados en detrimento de registros propios como Open Your Eyes o Who y puedan llegar a ver la luz.


Feliz año 2016

lunes, 23 de noviembre de 2015

Detalle simbiótico



Cuando me paro a contemplar mi estado
Y siento dónde me han traído mis pasos
Percibo que el sonido del motor se difumina
por debajo de los acordes Up on the hollow hill (understanding Arthur)
Y la retina capta el momento en que la niebla se cuela entre los lomos
pintando de humedad los árboles sumisos
¿Es la música la que condiciona el paisaje
o es la visión instantánea la que subordina a la melodía?
¡Qué...!
Quizá sea la fusión de ambas cosas
El hechizo de la naturaleza frente al embate de la creación humana
Cara a cara
Sin rechazo
¿Por qué eludimos ver lo que ante nuestros ojos se muestra diáfano?
El detalle preciso domina el entorno y no nos percatamos de ello
Hasta que realmente despierto
y descubro que esa conjunción es producto de nuestra propia voluntad
Que no hay más que desearlo y esperar pacientemente a que se revele

                                                         
                                                                                                              Vikowski

domingo, 25 de octubre de 2015

Análisis catódico

16.41 horas


Por mi culpa. ¿Y ese niño, Antonia? (La 1 TVE). Producto patrio, rancio, con las archiconocidas y ñoñas coletillas; un sinfín de personajes que parecen todos el mismo y que se repiten hasta la extenuación cada temporada.

El apareamiento es un instinto natural. (La 2 TVE). El sonido de la selva, enigmático, balsámico, que enjuga el somnoliento momento de la mejor forma.

He recibido una oferta de trabajo para ser secretaria. (Antena 3). Supra citato en La 1 TVE.

Coordenadas confirmadas. Equipo Alfa en posición. (Cuatro). La acción siempre es un recurso al que se alude cuando no se tienen más ideas, aunque la mayoría de las veces es lo que se necesita.

Si ese señor me ha grabado sin yo saberlo, lo denuncio. (Telecinco). La razón de la sinrazón que a mi razón no satisface.

Han pasado 28 minutos desde su fuga y nadie se ha dado cuenta. (La Sexta). El vomitorio de información descontrolada de una investigación atropellada por querer llegar antes que nadie.

Pues si no la tenemos al amanecer, cojo todo lo que pueda y me largo. (Televisión Canaria). Dos tiros que se escapan cada cinco minutos rozando las cabezas de los que están al fondo de la barra y de los que están en el sofá en casa.

La primera vez que entré en el vestuario de los Knicks fue algo alucinante. (Canal +). Saber sobre lo que ningún espectador ordinario quiere saber siempre es atractivo y seductor.



22.50 horas


No es un león, es un guepardo bastante grande. Matarlo no sería una gran hazaña. (La 1 TVE). Aquí hay algo que no casa: o la hora, o la temática, o la desgana. ¿Quizás la propia cadena?

Ahora tienes que decirme algo al oído. Eres lo más importante que me ha pasado. (La 2 TVE). El cine sugerente siempre se sirve en platos calientes, aunque sean de precios baratos.

Y esta semana sube dos posiciones. Y es justo. Lo que estás haciendo es muy bueno. (Antena 3). Rienda suelta a la representación del arte actual basado en copias mediocres de éxitos dudosos de antaño.

Un producto que elimina las manchas el doble de rápido que otras marcas. (Cuatro). Imprescindible, el recurso más importante del género televisivo.

Le pido perdón por todo lo que dije sobre ella. Por lo menos, no lo reitero. (Telecinco). Donde dije digo, digo Diego, que uno tiene sus errores. ¿Quién no denuncia a otro de los malos actos cometidos por nosotros mismos? Ah, ¿no? Entonces usted no es español.

Los ciudadanos me han votado porque soy independiente y eso es lo que voy a seguir siendo. (La Sexta). Continúa el periodismo trepidante de investigación. Volveremos a hacer la misma pregunta hasta que se canse y diga lo que queremos oír.

Cuando llega el mes de octubre, llega el mes de honrar a la virgen, la virgen del Rosario. (Televisión Canaria). Dirigido a la mayoría de los telespectadores empecinados en que lo autóctono es la presentación hortera de programas cutres con fórmulas de TVE de los años sesenta, digo noventa, digo 2015.

Bienvenidos una noche más. Tenemos hora y media para hablar de todo el fútbol. (Canal +). Más tiempo dedicado a lo que pasa fuera de las líneas de cal que dentro del rectángulo. ¿Será también un nuevo tipo de periodismo de investigación? Que lo mismo te comentan un partido que te entrevistan a Abu Bakr al Baghdadi.


miércoles, 7 de octubre de 2015

Del púrpura intenso al blanco serpiente

El último disco de Whitesnake podrá ser criticado por no ser un disco de nuevas canciones. Hasta ahí todo correcto. Pero dos hechos son indudables.

El primero es que ha despertado en muchos algunos recuerdos (olvidados o en barbecho) y en otros tantos ha abierto la posibilidad de conocer y acercarse a la obra de una de las mejores bandas de la historia del rock: Deep Purple. La banda precursora de varios subgéneros del rock, la banda más ruidosa del mundo, la primera banda de rock en tocar junto a una orquesta, la primera en traspasar el Telón de Acero en plena Guerra Fría, la primera que usó una aeronave propia para trasladarse a un concierto, la banda que grabó y difundió la primera película de un concierto musical de larga duración...

Mural de David Coverdale en Bulgaria

El segundo hecho es volver a poner una vez más en el panorama mundial a otra banda que comanda y dirige el frontman David Coverdale, quien ha comenzado en mayo de este año una demencial gira de 82 actuaciones (prácticamente, una cada noche) por EEUU, Japón y Europa, que finalizará en diciembre (de momento). La idea es promocionar este lanzamiento que rememora momentos mágicos de la historia del rock con mayúsculas y sumar a estas actuaciones los ya clásicos de la banda de la serpiente blanca.

El resultado de esta obra (The Purple Album) es una revisión, a modo de "Greatest Hits", de la etapa del inglés como cantante de los Purple. Probablemente no haya ningún tema que destaque sobre el original, pero sí que la elección está hecha a conciencia y la instrumentación, más la actual voz desgastada de Coverdale, aporta matices diferentes que son muy bien recibidos. En efecto, la voz del de Yorkshire ya no es la misma pero, teniendo en cuenta que el instrumento de la voz es el único que se desgasta con el tiempo, aún sigue conservando detalles de antaño.

Centrémonos y veamos a qué etapa de la larguísima y cambiante vida de los Purple nos referimos.

Hacia 1973 la grandiosa banda pasaba por unos momentos tortuosos: la lucha de egos se había acrecentado y Ian Gillan no estaba por la labor de continuar el camino marcado en ese momento por el superego de Ritchie Blackmore. La marcha de Gillan llevó aparejada la de Roger Glover. Se descomponía la famosa y mejor alineación de Deep Purple, más conocida como "Mark II". La banda se completaba con los pesos pesados Ian Paice y el tristemente desaparecido Jon Lord. Un plantel que parecía irreemplazable, en el que la suma de sus partes era tan asombrosa como el resultado del todo.

Mark II

¿Quiénes serían capaces de ocupar esos puestos? Glenn Hughes (en Trapeze en aquel momento) era perfecto para el puesto por su versatilidad: tocaba extraordinariamente el bajo y poseía una gran voz cargada de rock y de soul. El objetivo era buscar a alguien que se fundiera a la perfección en ese telón de fondo. Al mismísimo Paul Rodgers le temblaron las piernas cuando se lo propusieron y no pudo aceptar. David, un chico que vendía pantalones en una boutique y al que le gustaba esto del rock, había enviado una defectuosa demo al anuncio que los miembros de Deep Purple habían publicado buscando vocalista. Sorprendentemente, David fue elegido. Jon Lord argumentó que en aquella grabación "había cinco segundos en los que su voz se elevaba y demostraba algo". Así es, esa es la virtud de Coverdale, una voz llena de rock y mucho blues, una voz que en un imperceptible espacio de tiempo pasa del susurro al aullido, como una bendición.

Mark III

La complementación entre Coverdale y Hughes fue perfecta. Se subieron al escenario y la química empezó a funcionar. Más de 260000 personas, que se dice pronto, se reunieron en California para ver la nueva alineación. Y cayeron rendidos ante el embrujo.



Se había armado la "Mark III", una formación que grabó, pese a quien le pese, dos grandes discos: Burn y Stormbringer, ambos de 1974. Quizás no sean las mejores obras de los Purple, pero ahí quedaron registrados temas tan importantes en su trayectoria como Burn, You Fool No One, Mistreated, Stormbringer o Soldier Of  Fortune (canción con la que Coverdale suele acabar a capella sus espectáculos). Después de estas grabaciones, el ínclito Blackmore huyó espantado por la dirección musical que tomaba el grupo. Su ego no podía soportar la intromisión en el protagonismo que estaba perdiendo: demasiado blues, soul y funky para él.

Todo el mundo pensó que la banda se desmembraría sin la presencia del "jefecito", pero no fue así. Aún hubo tiempo para formar la "Mark IV",  junto al malogrado Tommy Bolin, y grabar Come Taste The Band, un trabajo mucho más comercial que los anteriormente realizados, pero con muchísima calidad. Prueba de ello fueron los éxitos Comin´ Home, Lady Luck o la erizante You Keep On Moving.



Pero la adicción a la heroína del jovencísimo Bolin no era compatible con el rendimiento en el escenario y el castillo de naipes se fue cayendo. El resto de miembros ya lo sabía y empezaron a preparar sus proyectos por separado. David Coverdale comenzaría una nueva carrera, al principio un tanto irregular e impulsada por la inercia de su paso por Deep Purple. Cuando por fin tomó el rumbo adecuado y aclaró hacia dónde se dirigía, la constancia y el empecinamiento le depararon grandes éxitos en el futuro, aunque no le faltaron las piedras en el camino.


Pero esa es otra historia.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Aguere, ciudad de La Laguna

Adoro La Laguna.

Aquella ciudad que se mostraba hace unos años desgastada por el tiempo, nunca fue vista por nuestros ojos universitarios como arcaica, sino como sinónimo de cultura, amistades y jolgorio nocturno. Se nos quedó en el hipocampo al contrario de como se suele guardar un lugar entrañable en el recuerdo: ahora ese recuerdo es más interesante, atractivo; una versión mejorada de aquella época, que responde a las exigencias actuales de una ciudad perfectamente integrada en su contexto histórico y cultural.



Me entusiasma que San Benito haga que el timple canario de sudorosas manos resuene en las calles y las impregne de tradiciones con olor a campo. Al día siguiente siempre podremos deslizarnos hacia el metapulmón del Camino Largo, lugar idóneo para pasear o correr, aunque esta última actividad pueda transformarse en un verbo en forma reflexiva por la noche.

Disfruto tomándome una cerveza o un vino en la Venta de la Esquina o en el Venezia, mientras nos mira atenta la torre de la Concepción, escrupuloso testigo de la visita al Punto Criollo en busca de un gofio ensalsado o unas arepas de mechada.

Me agrada pasear por esas calles peatonales que antaño fueron carretera y acera maltrecha; bajar la calle Herradores y pararme en la Tasca de Óscar, la casa del pintor surrealista. Un montadito acompañado de un vino y un saludo a Toni, aquel que hace años me preparaba el bocadillo de lomo en el bar Benidorm, mientras su padre, don Antonio, pelaba y picaba las papas para hacer su famosa tortilla y su hermano Jorge sonreía ante las anécdotas que el pícaro don Antonio dejaba siempre inconclusas.



Aquellos bares de las últimas décadas del siglo XX se han convertido en centenares de bonitas tascas, agradables restaurantes o lugares de tapeo. 


Me distrae hacer algunas compras en esa misma acera y atravesar la galería que conduce al antiguo Cine Aguere. Ahora es un espacio cultural con una acogedora entrada en la que hemos esperado muchas veces antes de disfrutar de películas o exhibiciones musicales como la de Carmine Appice, Javier Vargas y Paul Shortino.





La plaza del Adelantado, abriendo espacio, circundada por el ayuntamiento, la monja incorrupta y el Palacio de Nava, uno de tantos palacetes distribuidos por la ciudad, cuya tertulia literaria se extingue dentro del abandonado edificio, sin las voces del mercado que aún no ha regresado a este lugar emblemático. Es este palacio una de las estaciones de la ruta matemática lagunera, que descubre ejemplos de proporción áurea por toda la ciudad.



A pocos pasos de donde se celebraba la famosa tertulia, cientos de años más tarde se nos muestra una inscripción que recurre a la "incorrección política".



Me gusta subir la calle Carrera escaparateando y hacer una pequeña parada en la plaza de la catedral, donde en un recuerdo nocturno y borroso se visualizan unos patos que tratan de escapar de la fechoría de unos jóvenes estudiantes que se dirigían a placenteros y trasnochados infiernos. Me despierto.

Me agrada acudir a algún evento al reabierto y reformado Teatro Leal, frente al entrañable Hotel Aguere; encontrarme por el camino al eterno heavy metal de mi época estudiantil que baja la calle con su sempiterna camiseta negra de Queensrÿche y cruzar nuestras miradas cómplices, más por las coincidencias estético-musicales que por conocernos.



Que te dé la brisa en la cara en la avenida Trinidad es un deporte que todo lagunero ha experimentado alguna vez. Por allí todos caminábamos para terminar de despertar, carpeta bajo el brazo, y alcanzar el edificio más antiguo de la universidad. Ahora el recorrido lo hacemos para indagar entre estanterías en el catálogo de la librería Lemus.

La Plaza del Cristo, olor a pólvora húmeda, conciertos al aire libre, productos frescos en la nueva ubicación del mercado.

Calle San Agustín. ¿Cuántos intelectuales la habrán recorrido? El fantasmagórico Palacio de Lercano alberga hoy el Museo de Historia y Antropología, aunque después de la visita solo retumbe en tu cabeza los chasquidos del carruaje del señor de la casa entrando a las caballerizas del palacete. Allí, en la religiosa calle, en un marco colonial incomparable, se encuentran ubicadas la UNED, frente a la antigua Universidad de San Fernando y actual Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife; la Fundación Cristino Vera con su sala de exposiciones; la casa Salazar; el antiguo Convento y actual IES Cabera Pinto; el Hospital de Dolores; o la Casa Montañés (actual sede del Consejo Consultivo de Canarias). Todavía hoy se puede sentir un escalofrío cuando alcanzamos la iglesia devastada por el terrible incendio de 1964 que, como si de una maldición se tratase, se repetiría en el edificio del Obispado de la misma calle en 2006.





El Pasaje de la Concepción, un nuevo espacio de ocio, alejado del denostado Cuadrilátero que llenaba las calles de etílicas charlas provocadas en la esquina de La Troya y rematadas más tarde en el Blues Bar. Por la mañana este pasaje se cruza para hurgar entre las portadas de discos o rebuscar entre camisetas con mensaje; por la noche se atraviesa para disfrutar de música en directo junto a amigos y copas.



Casi sin darnos cuenta hemos cruzado el casco histórico, que mantiene el mismo trazado del siglo XV, sobre los pasadizos ocultos por los que probablemente misteriosos personajes circulaban de forma clandestina a lo largo de la ciudad.


Me seduce la fina lluvia de Aguere en primavera, teñida por el rastro que deja el incienso de procesiones de Semana Santa. Me gusta quejarme del frío que hace en invierno porque siempre se soluciona con un buen abrigo o cobijándose en cualquiera de los innumerables lugares que nos ofrece la ciudad. Me embelesa su verano porque los cobijos siguen estando ahí en esta estación calurosa, endulzada por la brisa que baja la calle por la tarde. El encanto de las fachadas invernales aumenta durante el otoño y se intensifica con la luz veraniega, dejando pequeños detalles al descubierto. No es de extrañar que el artista sudafricano Conrad Van Wick se haya enamorado recientemente de esta ciudad y haya querido plasmarla en sus obras.









Siempre que voy a La Laguna duermo en el edificio que hoy se eleva sobre el antiguo campo de fútbol de la calle San Juan. Desde allí, casi en el corazón de la ciudad y perfectamente acompañado, se puede contemplar la incordiosa niebla veraniega de Los Rodeos; desde allí, pasada la medianoche, se oye cómo regresan a casa los jóvenes estudiantes después de una velada agradable.


Como ya se sabe, hay personas que pasan por la universidad pero la universidad no pasa por ellas. No obstante, todos aquellos que estudiamos en La Laguna, la antigua Aguere, somos también laguneros, y nos vemos orgullosamente obligados a volver a ella una y otra vez.